Ascendí el
alto páramo de mis exigencias
Caminé la
larga cordillera de tu sonrisa para alcanzar tu mano, que muy blanca, me invitó
a ser feliz
Ahí, en la
cúspide de un beso muy esperado, sembraste vida para mí
Desde allá
me empujaste
tus ojos
dejaron de encontrarse con los míos
tu abrazo
se desvaneció en el fragor de la misma fuerza con la que me envolvió
aun cuando
había calor
No estás
más
Te hablo y
no llegas a escucharme
Me ves y no
sabes quién soy
No eres tú
y no lo ves
La vista ahora
es desde una cima ausente y gélida
Abajo, en
la verdad, las mutiladoras horas de una soledad con tu acento guardarán siempre
tu ternura
suave
impoluta
conquistarán
siempre el recuerdo de un año que disolvió las intricadas fronteras de nuestros
cuerpos
Yo seguiré
caminando por los Andes de la nobleza
y aunque
con otro rostro y otra edad
te volveré
a encontrar
Desde esa
nueva cima cálida y firme mi indulgencia acompañará tus pasos
Y te verá
nacer
te verá nacer
Ma.Fernada Espinoza
Febrero-Agosto de 2014